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Un vermut tarraconense pasará un año bajo el mar para ganar matices nuevos

La bodega Yzaguirre ha sumergido ánforas de cerámica con su vermut en aguas de Tarragona. La idea: que el Mediterráneo haga de barrica durante doce meses.

Redacción TRAZA·29 de octubre de 2026 a las 18:31GENERADA CON IA · FUENTE CITADA
Vista panorámica de una ciudad costera con tejados, edificios, una torre de iglesia neogótica destacada, el mar al fondo a la izquierda y el puerto visible; cielo despejado. Imagen de archivo: ilustra el lugar, no el hecho.
Vista panorámica de una ciudad costera con tejados, edificios, una torre de iglesia neogótica destacada, el mar al fondo a la izquierda y el puerto visible; cielo despejado. Imagen de archivo: ilustra el lugar, no el hecho. Imagen: Aniol · CC BY-SA 3.0

No es una barrica de roble ni una cava subterránea. Es el fondo del mar, frente a Tarragona, donde la bodega Yzaguirre ha decidido dejar reposar parte de su producción durante un año entero, según informa Diari de Tarragona.

El proyecto consiste en sumergir ánforas de cerámica cargadas de vermut para que la presión, la temperatura constante y el propio movimiento del agua modifiquen de forma natural sus aromas y su sabor. Es una técnica que ya se ha probado antes con vinos en otras zonas del Mediterráneo, pero que aquí se aplica a un producto con más tradición local: el vermut, bebida con historia propia en Reus y en el Camp de Tarragona.

Para una bodega centenaria como Yzaguirre, apostar por una crianza submarina no es solo un experimento de laboratorio. Es también una forma de diferenciarse en un mercado donde el vermut artesanal compite cada vez más por hueco en las estanterías, y donde el origen y la singularidad del proceso de elaboración se han convertido en un argumento de venta tan importante como la receta misma.

Si el resultado convence, la bodega plantea sacar al mercado una edición limitada, pensada como pieza de coleccionista más que como producto de consumo masivo. El atractivo, en este caso, no está solo en el líquido, sino en la historia que lo acompaña: un vermut que ha pasado doce meses en el fondo del Mediterráneo antes de llegar a la copa.

El proyecto se suma a una tendencia que, en los últimos años, ha llevado a varias bodegas catalanas a buscar en el mar un aliado inesperado para la crianza, apostando por procesos lentos y costosos que buscan justamente eso: convertir el tiempo y el entorno en parte del producto final.

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